El Puerto de Matamoros, tercera llamada, tercera…

Octavio Herrera Pérez.

 

En fechas recientes tuvo lugar la presentación del proyecto integral de lo que será el nuevo puerto de Matamoros, en cuyo evento estuvo presente el Ejecutivo del estado, el Secretario de la Marina de México, el Director General de Pemex y el Coordinador General de Puertos y Marina Mercante de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

Sin duda se trata de uno de los anuncios más trascendentes en lo que va en la presente administración estatal y su realización marcará en forma indeleble el legado que caracterizará a este sexenio, a la vez que tiene una estrecha correlación con el proyecto señero que impulsa el actual Gobierno federal, orientado a multiplicar las potencialidades energéticas de las que dispone nuestro país.

Bajo ese contexto es que ya se están llevando a cabo las obras que rediseñará la geografía económica y la infraestructura comunicante del litoral norte de Tamaulipas. Y, como poderosa ancla para generar el movimiento que viene, la paraestatal petrolera construirá una terminal portuaria enfocada a operar la logística desde tierra para la exploración y explotación en aguas profundas, algo que ya ha sido demostrado con la detección de enormes yacimientos de hidrocarburos en la cornisa de la plataforma continental marina, antes de las profundidades abisales del Golfo de México, donde seguramente también hay petróleo, a tres mil metros de profundidad.

Con este proyecto, Matamoros experimentará una tercera etapa en su larga historia marítima y portuaria, lo que promete que ahora sí será en definitiva.

 

BRAZOS DE SANTIAGO

Debido a los intereses monopólicos de los consulados de México y Veracruz, la colonia del Nuevo Santander no dispuso de puertos de altura, tal y como fue el deseo de José de Escandón de habilitar uno en la barra de Soto la Marina. Fue hasta la consumación de la independencia, al romperse las ataduras coloniales, cuando México se abrió súbitamente al mundo y con ello la apertura de múltiples puertos en sus dos litorales. En el caso de Las Tamaulipas, surgieron los puertos inéditos de Tampico, El Refugio (Matamoros) y Soto la Marina, aunque éste acabó por ser clausurado en 1835.

El puerto de Matamoros tuvo su fondeadero original en la Laguna Madre situada al norte del río Bravo, a la que se accedía desde el mar a través de la abertura de los Brazos de Santiago, que es el extremo sur de la Isla del Padre, hoy Texas. Su muelle se situaba en el frontón de Santa Isabel (Port Isabel, Texas), pero la aduana marítima estaba en la propia ciudad de Matamoros, 40 kilómetros tierra adentro, a la que se llegaba después de vadear el Bravo. Cabe señalar que desde la década de 1820 el puerto de Matamoros definió su propio “hinterlad”, o sea su zona de influencia económica, estableciendo un poderoso eje de comercio con Monterrey, ciudad que se convirtió en la plaza distribuidora del comercio exterior en todo el norte mexicano, colapsando a la antigua feria novohispana del Saltillo.

 

LA ALTERNATIVA DE LA BOCA DEL RÍO

Con la pérdida territorial que tuvo Tamaulipas de la franja situada entre los ríos Bravo y Nueces, a consecuencia de la invasión norteamericana y la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848, Matamoros perdió su puerto original. Entonces comenzó a funcionar como tal un caserío situado en la desembocadura del río. Se trataba de un lugar arenoso, salino y muy expuesto a los vientos del golfo, por lo que su futuro como puerto era muy incierto. Pero entonces ocurrió, en 1861, un acontecimiento que vino a modificar radicalmente el movimiento en este lugar: la Guerra Civil en los Estados Unidos.

 

BAGDAD

Al ser bloqueados los puertos de la Confederación por la marina de guerra de la Unión, la economía de los estados esclavistas del sur, aprovecharon la frontera mexicana para exportar desde allí su más valioso producto, el algodón. Así, enormes convoyes algodoneros atravesaban Texas y llegaban hasta la frontera mexicana, donde la carga era conducida a Matamoros y de allí a la boca del río, donde se formalizó rápidamente una villa, que llevó el exótico nombre de “Bagdad”, conocida también como “Villa Cortina”, en honor del hombre fuerte en esa época, Juan Nepomuceno Cortina.

Fue el gran momento del auge económico de la frontera tamaulipeca, un fenómeno potenciado por la vigencia fiscal de la Zona Libre, provocando un acelerado crecimiento demográfico en toda la región. Matamoros era uno de los puertos más importantes del Globo y su ambiente era de un dinamismo cosmopolita. De ahí que fuera una plaza disputada por la república juarista y el imperio de Maximiliano, al tiempo que en la banda opuesta del río otros dos ejércitos combatían encarnizadamente, “blue vs gray”.

 

EL DECLIVE

Al término de la Guerra Civil en 1865, comenzó un lento pero sostenido declive económico para Matamoros, al esfumarse las condiciones que lo hicieron florecer. Ahora, a los Estados Unidos les incomodaba la operación de un puerto de altura en la frontera común, por lo que lo ignoraron económicamente. Luego, los huracanes completaron la tarea al borrar a Bagdad de la faz de la Tierra, hacia 1880. Y, de remate, el ferrocarril que enlazó primeramente a los dos países no cruzó por Matamoros-Brownsville, sino por los dos Laredos, en la década de 1890, por donde se derivó el flujo del comercio internacional.

 

LA RESURRECCIÓN

En el siglo XX Matamoros experimentaría otra época de bonanza económica, ligada también al algodón. Ahora sería el puerto de Brownsville, construido en la era del “New Deal” de Roosevelt en la década de 1930, el encargado de exportar la producción algodonera del norte de Tamaulipas. Matamoros solo era “puerto”, pero de carácter fronterizo.

Por lo antes dicho podemos hacer un aviso, como en el teatro: “…tercera llamada, tercera”. Y es que habrá de comenzar, en forma, la habilitación de un puerto de altura en el norte de la Laguna Madre, a unos 80 kilómetros al sur-oriente de la ciudad. Ahora lo que importa es que este proceso ocurra en forma ordenada y planificada, que se mitigue el impacto ambiental que tendrá sobre ese vaso intracostero y que se inserte este nuevo polo de desarrollo a la moderna pujanza de Tamaulipas, que con este acontecimiento confirma su cíclica historia de ver generar en su territorio recurrentes bonazas económicas.