Estampas de Tamaulipas

Octavio Herrera Pérez

Por causas involuntarias mi columna tuvo un hueco la semana pasada. La idea era hacer una mención puntual de los momentos fundacionales de varias de las poblaciones de nuestra entidad, acorde a las fechas de su creación en este mes de mayo, tratando de seguir una vía paralela al calendario oficial que ha sido decretado de las fechas conmemorativas del estado, algunas de las cuales tienen notables imprecisiones y hasta datos erróneos, evidenciando que, lamentablemente, al procesarse el decreto en cuestión, no se tuvo el cuidado de hacer las consultas historiográficas adecuadas, al quedar la decisión final de su redacción en las asesorías propias de los gabinetes burocráticos, no siempre bien documentadas en estos temas. El caso de las fechas de fundación de Villagrán o Jaumave, son ilustrativas y habría que preguntarles de dónde las sacaron; pero eso será motivo de otra entrega. Por lo pronto y a fin de actualizar esta secuencia, nos referiremos a tres de los municipios que cuentan con la información más antigua de los que se tenga memoria en Tamaulipas: Ocampo, Hidalgo y Bustamante. Los primeros dos con fecha de fundación coincidente el día mayo 19, y el último el 26 de este mismo mes.

TANGUANCHIN/SANTA BÁRBARA/OCAMPO
El primero de ellos tiene uno de los antecedentes con una antigüedad bastante remota, de acuerdo a la arqueología, en base al reporte del descubrimiento de unas momias en las cuevas del Cañón de Infiernillo, hecho por una expedición del recién creado Instituto Nacional de Antropología e Historia, a fines de la década de 1930, corroborado con una exhaustiva excavación hecha por el arqueólogo Richard McNeish tres lustros más tarde; el resultado fue la comprobación de que aquí se había generado uno de los procesos del nacimiento de la cultura mesoamericana, unos cinco mil años de nuestra era. Después vendría la definición de la cultura huasteca, que denominó al gran valle donde se encuentra Ocampo con el nombre de Tanguanchin, “el lugar de sonajas”, dejando tras de sí numerosos sitios arqueológicos que esperan por ser investigados, en tanto, siguen siendo devastados.
En el temprano siglo XVII este valle estaría sujeto a la jurisdicción de Guadalcázar, a través de Tula, en el lugar de la Laja; después a la de los Valles, en la avanzada del pueblo de San José de Tanguanchin. este último sería el precedente inmediato de la fundación en 1749 de la villa de Santa Bárbara, por el coronel José de Escandón, quien ubicó a su hermano Francisco al frente de la misión de Nuestra Señora de la Soledad de Igollo, un imponente inmueble inconcluso hoy en ruinas, para vergüenza de la pretendida protección y conservación del patrimonio histórico de Tamaulipas.

SAN ANTONIO DE LOS LLANOS/SANTO DOMINGO DE HOYOS/HIDALGO
El caso de la villa de Hidalgo también tuvo un antecedente previo, que jugó un papel de continuidad, esta vez representado en el pueblo y misión de San Antonio de los Llanos, un asentamiento establecido en 1667 por fray Juan de Caballero y el capitán Fernando Sánchez de Zamora, quienes procedían del alto río Blanco, donde habían fundado los pueblos de Santa María y San José (Aramberri y Zaragoza, Nuevo León, respectivamente). En lo religioso, el misionero contaba con el apoyo del convento franciscano de Charcas (SLP), mientras que en lo político, esta empresa tuvo el respaldo del gobierno del Nuevo Reino de León, a cuya jurisdicción perteneció.
El pueblo de San Antonio de los Llanos se situó sobre un camino estratégico que cruzaba la Sierra Madre y enlazaba el Altiplano Central con la llanura costera, que por tener buenos agostaderos, motivaron la llegada de enormes pastorías ovejeras, las que perturbaron las áreas de caza y recolección de los indios de la región, particularmente los Janambres, que a partir de 1673 iniciaron una tenaz resistencia. Esto originó la poca consolidación de este pueblo, sin embargo no desapareció, apuntalado al comenzar el siglo XVIII por indios Tlaxcaltecas, provenientes de Venado (SLP).
Con el inicio de la colonización del Nuevo Santander, domingo de Unzaga e Ibarrola obtuvo la autorización de Escandón para establecer un pueblo más en forma, de lo que resultó la creación en 1752 de la villa de Santo domingo de Hoyos. Unzaga era propietario de la hacienda de La Mesa y apoderado de las pastorías de varios grandes hacendados del interior de la Nueva España y ya se encontraba en San Antonio de los Llanos de antemano. A partir de entonces, esta fecunda región dejó de pertenecer al Nuevo Reino de León.

EL PANTANO/REAL DE LOS INFANTES/BUSTAMANTE
Si bien el origen de la villa de Bustamante en 1749, en la última etapa del primer viaje colonizador de Escandón, estuvo ligado a la minería, su creación fue más importante para fraccionar un territorio que se disputaban como propio tanto la hacienda de La Soledad (NL), como los padres carmelitas descalzos de San Luis, religiosos metidos en hacendados que decían poseer las montañas y valles aledañas al pequeño manantial del Destiladero o del Pantano, frecuentado por una pequeña comunidad de indios Pisones, parajes que anotaban como parte de sus haciendas de Pozos y Peotillos.
En la práctica era un lugar deshabitado, por la cercanía del temible bastión de indios gentiles del Seguillón (nudo montañoso entre Tamaulipas y Nuevo León), siendo el pueblo de Tula la frontera de la guerra chichimeca. Aun así el interés por la existencia de posibles yacimientos de plata hizo que Antonio Garay, un rico vecino de Charcas, encomendara a un propio, Jacinto de Salazar, para que hiciera unas catas mineras en el Pantano, extrayendo material que produjo alguna cantidad de plata. Esto alentó a estos personajes a realizar el poblamiento del lugar. Sin embargo no lo realizaron, a pesar de haber acudido ante el coronel Escandón para obtener su venia, ya que en esos días éste iniciaba la colonización del Nuevo Santander. Y como en la tardanza está el peligro, sería Nicolás Antonio de Santiago y Castillo quien finalmente concretaría la fundación planteada, a la que se denominó como Real de los Infantes por el supuesto destino minero que tendría, aunque en realidad dicha actividad extractiva solo fue un espejismo, pues no se llegó a desarrollar, aunque sus pobladores no dejaron de insistir en buscar minas entre los cerros, los que en general en esta área rebasan la cota de los dos 500 msnm.
Y como el elemento indígena tuvo una presencia real, se fijó junto al nuevo asentamiento novohispano una misión de indios, denominada San Miguel del Pantano, bajo la administración franciscana de la provincia de San Pedro y San Pablo de Michoacán. De hecho, la vida social en el Real de los Infantes durante el período colonial revela una intensa interacción étnica entre sus diferentes componentes raciales, como así lo reflejan los registros parroquiales, cuya documentación ha sobrevivido íntegra, con el añadido de que, debido a las magníficas condiciones medio ambientales que prevalecen en Bustamante, de frescura y poca humedad, los viejos libros se han conservado de manera magnífica.
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