En Victoria si se lee

Columna: Rutinas y Quimeras

Por Clara García Sáenz

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Nunca he sabido porque me molesta el dato ya muy manoseado de que sólo “el 2.5 de los mexicanos” tiene el hábito de la lectura, pero aún más me molesta que todo mundo repita que en “México no se lee” a manera de sentencia. Desde hace tiempo utilizo una pregunta como respuesta cuando mis compañeros maestros frente a grupo se quejan “es que los alumnos no leen” a lo que respondo ¿y tú si lees?

Esta idea se ha convertido en un cliché que se repite sin reparar realmente en lo que se está diciendo, y es que el tener el hábito de la lectura es tan incómodo como el de ser o no culto, se asume que se es, mientras no se demuestre lo contrario; es aquí donde simuladores y otras especies se montan en el discurso de que los demás no leen, antes de que se sospeche de que ellos no tienen el hábito.

También me molesta quienes hacen monstruosas comparaciones, muchas autoridades y medios de comunicación tienen por costumbre comparar los niveles de lectura que los mexicanos tenemos con los existentes en otros países, publicando estadísticas y “rankings” mundiales donde México aparece en los últimos lugares y los primeros son ocupados por países desarrollados; nos miden con los integrantes de la OCDE o con el consumo que hacen los finlandeses.

Desde el proyecto cultural vasconcelista, en México han existido en diferentes etapas muy diversos proyectos de fomento a la lectura y una preocupación constante de contagiar el hábito; siempre también ha habido lectores, librerías, bibliotecas y unos cuantos amigos que intercambian libros y se quejan de la pobre oferta editorial en Ciudad Victoria.

En las últimas décadas el fomento a la lectura ha tenido un fuerte impulso desde el gobierno federal; entre los proyectos pioneros y más efectivos están aquel llamado “Rincones de lectura” que se instaló en todas las primarias públicas del país y la campaña sin precedentes “México hacia un país de lectores”.

Pero como los lectores no se hacen por decreto presidencial ni por sexenio, y difícilmente se pueden presumir como las obras de pavimentación, ya que su éxito se ve reflejado después de 10 años aproximadamente (según los expertos en procesos culturales); el éxito político de dichos programas pueden entonces pasar desapercibidos.

Sin embargo, más allá de las estadísticas y clichés, hay experiencias en la vida diaria que muestran que sí hay lectores, nuevos, jóvenes. Según los expositores de la 14 Feria Universitaria del Libros (FUL), registran en su experiencia a lo largo de los años en que han asistido a ésta ofertando sus fondos editoriales, que cada año las ventas se han incrementado y la población que cada vez compra más son los jóvenes entre 14 y 25 años. Unas de las experiencias más gratas en la FUL fue ver a una jovencita que al salir de Centro Cultural Tamaulipas se topó de frente con las instalaciones de la Feria, al verla levantó los brazos sorprendida y gritó: libros, libros corriendo por los pasillos con una cara de emoción.

La lectura es algo personal, íntimo, propio. Las estadísticas es lo que menos le importan al lector, como también que le pregunten ¿Cuántos libros has leído?

E-mail:claragsaenz@gmail.com