Los Borbones y el Nuevo Santander

Octavio Herrera Pérez

Como es del dominio público mundial, hace nueve días el soberano español Juan Carlos de Borbón anunció su abdicación a la corona del reino de España, lo que ya era metafóricamente una muerte anunciada, luego de los escándalos en los que la figura del monarca se ha visto envuelto en los años recientes. Y no es que se trate de un asunto privado su enriquecimiento personal, sus infidelidades maritales (peccata minuta para un bon vivant de ese calibre) y las serias acusaciones que pesan sobre algunos de los miembros de la familia real, o aún peor, su afición a la cacería de elefantes en Botsuana, no por la indignación de los protectores de animales, porque lo hizo justo cuando en España tocaba fondo en una aguda crisis económica debida a los excesos del capitalismo salvaje y de la cruda de creerse de primer mundo, cuando en realidad entró a la zona Euro en condición marginal respecto a la Europa realmente fuerte.

La institución de la monarquía en España comenzó a consolidarse al finalizar la Reconquista, cuando culminaba el proceso de agrupamiento de los distintos reinos cristianos que existían en la Península Ibérica, todos en lucha contra el Islam, y que acabó por fortalecer a la corona unida de Castilla/León. Fue la dinastía Trastámara, con la reina Isabel la Católica se fincaron las bases de la institución monárquica española a fines del siglo XV, siendo la última en ser “primo inter pares” con respecto a la nobleza, en tanto que sus sucesores, especialmente Carlos I (V de Alemania), iniciaría el modelo de la monarquía absoluta, pero ya bajo el linaje de los Habsburgo; a éste se sucedieron tres monarcas, en tanto que el cuarto, Carlos II “el hechizado”, murió sin dejar descendencia. Esto desató una Guerra de Sucesión que envolvió a gran parte de las monarquías europeas, deseosas del botín español. Se impuso finalmente la casa de Borbón, de ascendencia francesa, con Felipe V asumiendo el trono en 1700; a éste le sucederá en el nombre Felipe VI, en unos días.
Los Borbones fueron unos reyes reformadores a lo largo del siglo XVIII, bajo un modelo monárquico de “despotismo ilustrado”. Les interesaba hacer eficiente la administración del viejo imperio español y tomar el control de sus posesiones de ultramar en América, que antes funcionaban con gran laxitud respecto a la metrópoli, la que ahora las ubicaría realmente en una condición de colonias, a las que habría de extraerles el mayor provecho. En este contexto fue que se fundó y desarrolló la provincia del Nuevo Santander, hoy Tamaulipas, en la que se dejaron sentir las influencias de cuatro reyes Borbones. Veamos.

FELIPE V (1700-1746)
Fue este monarca el que ordenó la conquista y colonización de la Costa del Seno Mexicano, como se conocía el territorio de lo que es hoy Tamaulipas, y que se encontraba sustraído al dominio colonial, con gran peligro de que el virreinato de la Nueva España fuera invadido por el litoral que iba del río Pánuco a la bahía de San Bernardo. Para tal efecto expidió una real cédula en 1739, para que organizara en México una junta de guerra y hacienda que llevara a cabo tal empresa.

FERNANDO VI (1746-1759)
Durante su gobierno tuvo lugar el establecimiento de la colonia del Nuevo Santander, a cargo del coronel José de Escandón y Helguera, favorecido por la influencia del virrey Juan Francisco de Güemes y Horcasitas, conde de Revillagigedo. También en este período se ordenó que en 1757 la nueva provincia fuera reconocida por visitadores oficiales: el capitán José Tienda de Cuervo y el ingeniero Agustín López de la Cámara Alta. En lo general aprobaron las acciones de Escandón, pero impidieron la apertura del puerto de Soto la Marina e hicieron diversas recomendaciones administrativas. Este monarca se enfrascó en la Guerra de los Siete Años (1759-1763), que traería serias consecuencias territoriales en la América del Norte, siendo el precedente de la futura Frontera Norte de México.

CARLOS III (1759-1788)
Introdujo las llamadas “Reformas Borbónicas” en todo el imperio español. Tales medidas fulminaron en lo inmediato al gobierno patriarcalista de Escandón, e introdujeron el cobro de impuestos y aranceles eclesiásticos en el Nuevo Santander. También se efectuó la primera dotación de tierras a cada colono según sus méritos, siendo el origen de la propiedad en Tamaulipas. La capital de la provincia pasó de la villa de Santander a la nueva población de San Carlos, donde hubo descubrimientos de minas de plata. Y más aún, el monarca creó el Obispado de Linares y la Intendencia de San Luis Potosí, de las que formó parte el Nuevo Santander.

CARLOS IV (1788-1808)
Rey de poco carácter, dominado por su mujer –María Luisa de Parma– y el válido Manuel de Godoy, le tocó sufrir el impacto de la Revolución Francesa y el ascenso de Napoleón, en tanto que en la América del Norte los nacientes Estados Unidos le robaron el mandado territorial, acabando por poseer la Luisiana. En esta época el Nuevo Santander debió aportar continuos contingentes de milicianos para proteger la frontera de Texas.

FERNANDO VII (1808/1813-1821)
Poco se le debe a este Borbón, preso de Napoleón al arrancar su reinado. Más bien sus beneficios fueron indirectos, más gracias a las Cortes liberales de Cádiz, que permitieron el establecimiento de ayuntamientos en los pueblos mayores de mil habitantes. Se inició así la vida municipal tamaulipeca. Y, luego, para combatir su restaurada monarquía absoluta, el litoral de Santander sería protagonista de la gesta de Francisco Javier Mina en 1817. Y todavía en 1821, cuando la elite reaccionaria novohispana logró la independencia, se le ofreció la corona del imperio mexicano, lo que declinó. Fue el momento para Agustín de Iturbide, coronado emperador en 1822, pero fusilado en la villa de Padilla, Tamaulipas, en julio de 1824, y con ello el arranque pleno de la primera República Mexicana.

FELIPE VI VERSUS LA REPÚBLICA
Y aunque ya es un hecho la coronación de Felipe VI, sin que nadie lo haya elegido, hoy (El País, dixit), el 62 por ciento de los españoles quisiera hacer un referendo sobre la jefatura de Estado, que validara la monarquía o que reimplantara la república. Hay que recordar que en 1936 un levantamiento militar contra el Gobierno legítimo republicano, encabezado por Francisco Franco, acabó por derrocarlo tras una cruenta guerra civil, y quien tras imponer una férrea dictadura de derecha, restauró la monarquía, con Juan Carlos de Borbón como su sucesor. En los españoles queda hacer el balance del reinado de este personaje y marcar el rumbo de su futuro, pero yo en lo personal, como en su tiempo lo hizo tangible el presidente Lázaro Cárdenas, al dar abrigo al exilio español, expreso a viva voz: ¡Viva la República!
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