Un ejercicio hermenéutico de la palabra puto

Rutinas y quimeras

Por: Clara García                      

 

La hermenéutica es el ejercicio de interpretación que se hace de los   mensajes y es una herramienta muy socorrida por los cientistas sociales, especialmente los historiadores. Sirve para que el  investigador descifre o interprete  la verdadera intención de un mensaje, es decir, lo que va implícito en él pero no se dice.

Hermenéutica es una palabra que se deriva de Hermes, quien en la mitología griega era el mensajero de los dioses. Su práctica académica es muy compleja, porque el intérprete tiene que trabajar en diversos planos del mensaje para poder sacar conclusiones que no dependan de sus opiniones, ocurrencias o sentido común, sino que respondan a una certeza más apegada a la razón de las cosas. El libro “Verdad y método” del filósofo alemán Hans-Georg Gadamer, sienta las directrices fundamentales de la hermenéutica; on la intención de acercarnos más a comprender su propuesta, hagamos un ejercicio con el mensaje mundialista del grito de puto. Gadamer establece que para su comprensión se deben atender dos vías: la tradición y la historia; la primera, para este caso; es saber que los aficionados mexicanos tienen por costumbre gritarle al portero del equipo contrario “puto” cuando despeja el balón; eso dice la tradición. Se sabe que ésta, inició en los estadios de         Guadalajara donde la sociedad está muy dividida entre conservadores católicos y un fuerte movimiento gay; eso cuenta la historia. Pasemos a la pre-comprensión del mensaje, ¿qué es lo que dice en su esencia? que es una multitud que ante el movimiento específico del             portero contrario le grita “puto” haciendo un ademán con las manos cuya intención es desanimarlo para que se equivoque y su equipo cobre ventaja. Es aquí donde se presenta algo llamado familiaridad-extrañeza, la multitud sabe lo que está haciendo y cuando lo debe hacer pero al mismo tiempo no sabe porque hace lo que hace; es decir, más allá de        intentar desanimar al portero, no sabe por qué específicamente ha seleccionado esos gestos y esa expresión para provocarlo.

En la mitología romana, puta es la diosa menor de la agricultura (su significado literal es poda). Las fiestas en honor a esta diosa celebraban la poda de los árboles y durante estos días las sacerdotisas se manifestaban ejerciendo un bacanal sagrado (se prostituían) honrando a la diosa. Esto pertenecería a la vía de la historia.

La Real Academia de la Lengua define la palabra puto como: “calificación denigratoria”; “encarecedor”; “necio o tonto”. Por lo tanto, en la tradición el uso lingüístico de la palabra indica que entre la familiaridad y la extrañeza que vive esa multitud que grita, pueda estar significando, para cada uno de los individuos que forman parte de ese grupo, algunas de estas tres cosas; pero en el fondo ni ellos mismos lo tiene claro. El anonimato, el alcohol, la  lejanía del lugar a donde pertenecen los anima y mueve para con gritar y desahogar todas las frustraciones en un hermoso cuadro nacionalista; la identidad los une y los fortalece.

Leía hace días el texto de José Woldenberg donde manifiesta su vergüenza por el uso de puto; sus palabras no me resultaron brillantes viniendo de él, pues creo que se le olvida que los mexicanos no nos caracterizamos por ser educados y bien portados, baste con releer al “Periquillo Sarmiento” de Fernández de Lizardi para acordarnos cómo somos históricamente, que somos mestizos, esa raza tan despreciada en el México colonial por ser la de peores costumbres.

Es necesario entonces recordarles a todos los escandalizados por el rito mundialista que la muchedumbre que ha perturbado a la FIFA está compuesta por una clase media mexicana con privilegios que le permiten pagar un viaje de ese tipo en época laboral, escolarizada sí, pero no educada; exitosa sí, pero no pensante. Que es el espejo de un México que suspende clase, horas laborales, compromisos para gritar un triunfo que llena los bolsillos de las empresas millonarias y que deja resaca económica y emocional a millones que, envalentonados por unos cuantos goles, olvidaron el ridículo de una selección que históricamente deja mal sabor de boca.

 Entonces, ¿cabe escandalizarse por un simple “puto”? creo que no, porque en su grito se resume la historia y tradición de una raza que, conociendo desde la época colonial su destino trágico y amargo, se desahoga para recuperar en un instante la felicidad de la vida.

 

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