Trasmitir el patrimonio cultural

Rutinas y Quimeras

Por Clara García Sáenz

La valoración del patrimonio cultural es un asunto complejo, porque no solo implica acciones concretas como su rescate, conservación y difusión, sino también su carga de representación como recurso identitario de las comunidades y la sociedad. Hablar de patrimonio cultural encarna no solo cuestiones tangibles y visibles sino también procesos sociales que tienen que ver con políticas públicas, educación, capital social, cultural y económico. No solo es lo que se ve y sabe sino lo que elegimos para ver y saber, así como los procesos a partir de los cuales hacemos esas elecciones. Por eso, pensar el patrimonio implica cultura e ideología y todo lo que estas dos palabras puedan representar.

Aunque la idea de patrimonio cultural como herencia y más concretamente la preocupación para su conservación se desarrolló en el siglo XX y más concretamente después de la Segunda Guerra Mundial, existen muchas evidencias  de su preservación a lo largo de la historia. Los romanos, por ejemplo, se preocuparon por preservar el conocimiento griego y sus obras; los cristianos hicieron lo mismo con la herencia romana, al conservar solo lo que les parecía importante para ellos que es el principio fundamental de la preservación cultural, donde se elige lo que se va conservar, ya sea porque representa riqueza o conocimiento.

La definición generalizada de que el patrimonio cultural es que es una herencia social que recibimos de nuestros antepasados, Francisca Hernández lo define como “… una herencia de los antecesores y se ha resumido y conservado con el objetivo de ser transmitido a las generaciones futuras. El patrimonio se convierte de este modo, en un bien público cuya conservación ha de estar asegurada por los poderes públicos”. Es precisamente aquí donde se abre el debate de todo lo que ha representado su estudio; así la primera pregunta será  entonces ¿Qué hemos hecho con la herencia que nos han dejado los antepasados? ¿Nos la hemos gastado?, ¿la hemos despilfarrado? O ¿la hemos multiplicado para heredársela a nuestros hijos? Todas estas preguntas mantienen ocupados a los estudiosos de patrimonio cuyo debate académico es interminable y en muchos casos polémico respecto al actuar del Estado.

Pero la pregunta que aquí nos planteamos va más allá, ¿de qué forma vamos a tramitar a las nuevas generaciones esa herencia? Si hablar de patrimonio cultural es complejo, imaginemos el reto que representa su transmisión.

Dice Antonio Martin Segovia que el patrimonio cultural “es […] historia viva, nuestra identidad, que nos define como pueblo, como colectivo, no es un entretenimiento para el ocio…”. Esto significa que abordar su tratamiento es un asunto socialmente necesario y doblemente complicado cuando necesitamos crear condiciones de convivencia entre éste y nuestros herederos.

Email: claragsaenz@gmail.com

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¿Qué hemos hecho con la herencia que nos han dejado los antepasados? ¿Nos la hemos gastado?, ¿la hemos despilfarrado? O ¿la hemos multiplicado para heredársela a nuestros hijos?