Educación y migración

Por: Alejandro Margaín        

Sin haber leído de forma constante todas las notas que han aparecido en los distintos periódicos y portales noticiosos, no deja de ser  preocupante la migración tan fuerte que se está dando de niños y  jóvenes menores de 15 años de Centro América. El detalle estriba en           que esa migración no se da únicamente hacia el norte, hacia los Estados Unidos sino que se da también hacia el Sur y según analistas de esta situación tiene que ver con dos factores primordiales; el primero, la gran cantidad de pandillas que socaban el tejido social, que reclutan a esos jóvenes y los introducen al mundo del narcotráfico y de la ilegalidad. Países como Guatemala y El Salvador están sufriendo esta sangría, la cual, como cosa curiosa también se da hacia el sur y de acuerdo a Andrés Oppenheimer, tiene que ver con que los mismos padres inducen a los hijos a huir antes de que caigan en las redes de estos criminales. El Segundo factor que marca este analista tiene que ver con la educación; menciona él que alrededor del 70% de los jóvenes no terminan su educación básica y se ven arrojados tempranamente a las calles, en busca de un posible ingreso, siendo ahí donde caen en las garras de este pulpo criminal. Es un fenómeno que quizá no esté muy  lejos de nuestra sociedad. En áreas rurales y periurbanas vemos a jóvenes deambular, sin oficio ni beneficio, buscando quizá en primera instancia llevar algunos pesos a su hogar para ayudar en lo posible a paliar la maltrecha economía familiar; Sin embargo, al estar en las  calles, ante el constante rechazo de nosotros que nos negamos a darles un peso por limpiar el parabrisas o cualquier otra acción, que ante su falta de educación es lo único que consiguen             hacer, es quizá como caen en las garras de los grupos delincuenciales. 

No estoy a favor de compensar económicamente esas acciones, pero si estoy a favor de emprender una campaña municipal donde las tres instancias de gobierno canalicen recursos económicos hacia capacitación y formas de negocio que no requieran estudios    profesionales pero si dedicación y esfuerzo y que en un ciclo  productivo a mediano plazo puedan ver el fruto económico de su labor. Es aquí donde los programas de apoyo necesitan tener accesibilidad ya que la mayoría de las reglas de operación de los programas federales marcan como edad mínima los 18 años dejando de  lado a jóvenes que quizá estarían interesados en desarrollar habilidades productivas pero que ante el rechazo escolar o la baja             capacidad económica y/o familiar de mantenerse en la escuela se ven orillados a buscar trabajo y no encuentran oportunidades.  

Es ahí donde la agricultura urbana, periurbana y de traspatio puede tener una respuesta hacia los jóvenes; En el momento en que se tiene la capacidad de trasmitirles conocimientos, de mostrarles a los jóvenes que pueden tener ingresos a través de su esfuerzo y trabajo diario los estaremos alejando de las calles, de los cruceros, de las           malas compañías y estaremos generando en ellos un sentimiento de  valoración y autoestima, además de enseñarles a producir, acción que  en caso de tener necesidad de cambiar de ciudad o de país es un conocimiento que llevaran con ellos y que les podrá abrir las puertas o generar ingresos económicos, donde quiera que vayan.

El trabajo de la Agricultura Urbana, Periurbana y de Traspatio con grupos vulnerables y excluidos debe ser de interés prioritario y gran motivación para las autoridades interesadas en el desarrollo de políticas inclusivas e integrales. Esta actividad permite fortalecer las capacidades de los marginados o excluidos, empoderándolos como actores de su mejora social y económica. Si existen los recursos humanos y económicos, la población que necesita esa educación, el mercado para los productos que se pudieran generar, sería importante tener a la Agricultura Urbana como una opción productiva y como una           herramienta para alejar a los jóvenes de las calles.