Tamaulipas y la Primera Guerra Mundial (1)

Octavio Herrera Pérez

En una entrega anterior, en esta columna intenté exponer un panorama general acerca de la Primera Guerra Mundial, que el próximo 28 de julio cumple cien años de haber estallado y cuyo conflicto se prolongó por cuatro años. Y aunque el Océano Atlántico estaba de por medio y no había mayor vínculo político con las causas que originaron esa guerra, sus efectos se dejaron sentir de manera intensa en México, y particularmente en el puerto de Tampico, Tamaulipas, en razón de los intereses petroleros que gravitaban en la Huasteca. Veamos.

PETRÓLEO PARA LA ROYAL NAVY
A fines del siglo XIX, al disponerse de la tecnología necesaria para la extracción del petróleo, el mundo entero entró en una vertiginosa etapa de industrialización a gran escala, lo que agudizó los conflictos geopolíticos mundiales de las potencias europeas. En el caso de la Gran Bretaña, que se había posicionado como un imperio global dominante, en buena medida fue gracias a su formidable flota de guerra. Pero sería la reconversión energética por petróleo en lugar del carbón, culminada en 1912, cuando esta armada marítima adquirió un inmenso poder bélico y una gran movilidad en todos los mares de la Tierra. De ahí que el abasto del preciado combustible se convirtiera en el factor de mayor preponderancia e incidencia de esta guerra mundial en los asuntos mexicanos, en especial por parte de la diplomacia y la amenaza intervencionista británica.

INJERENCIA DE LA COMPAÑÍA EL ÁGUILA
De hecho, desde mucho antes de la guerra la presencia de las compañías petroleras británicas en México ya habían ganado terreno y obtenido toda clase de extraordinarias concesiones para la explotación del subsuelo. Caso paradigmático fue el de Weetman Dickinson Pearson, Lord Cowdray, quien había llegado al país desde 1889 invitado por el presidente Díaz para construir un ferrocarril que recorriera el estrecho de Tehuantepec, dedicándose después a la exploración petrolera, que dio al clavo con el descubrimiento del pozo Potrero del Llano, el mayor manantial de hidrocarburos en su tiempo en el mundo, que convertiría a este personaje en un magnate. Fue la poderosa Compañía El Águila, establecida en Tampico, la que hizo posible que Lord Cowdray incidiera en el curso de la política petrolera mexicana, que de hecho casi se desvaneció durante la etapa armada de la Revolución. Por lo pronto, el empresario trató de asegurar que los pozos y las instalaciones petroleras de Tampico y la Huasteca no sufrieran de atentados durante la confrontación entre constitucionalistas y huertistas, lo que ambos bandos respetaron. Más tarde, cuando se desató la lucha de facciones, Lord Cowdray apoyó al general villista Manuel Peláez, quien controló con mano de hierro los campos petroleros, apoyado por los intereses británicos.

INTRIGA Y ESPIONAJE ALEMÁN
Teniendo mucho que ganar y poco que perder, el servicio de inteligencia militar del II Reich alemán, la Sektion IIIb, comenzó a elaborar una serie de planes orientados específicamente hacia dos objetivos: provocar una guerra entre México y Estados Unidos, para que distrajera a este país del escenario europeo; y boicotear las remesas del petróleo que salían de Tampico para abastecer al ejército británico. Un punto a favor de los esfuerzos teutones había sido la simpatía de Victoriano Huerta hacia el Imperio Alemán, y que más tarde Venustiano Carranza, dado su nacionalismo, tuviera sentimientos encontrados hacia los Estados Unidos.

Durante esta etapa, funcionó una célula de espionaje en Tampico, enlazada con el plenipotenciario alemán en México, Heinrich von Eckardt, y con el agregado de Alemania en Estados Unidos, Franz von Papen. Ambos, llegaron a concebir el sabotaje de los campos petroleros, así como la ocupación del puerto por Francisco Villa, en vez de atacar la frontera americana. De toda esta extraordinaria intriga ha dejado un espléndido recuento documental el historiador Friedrich Katz.

SU MAJESTAD BRITÁNICA CONTRA MÉXICO
Así, como lo titula en su libro Lorenzo Meyer, fue la reacción del imperio británico ante la profunda afectación del capital inglés en el país como consecuencia de la Revolución (el 16 por ciento de sus inversiones en América Latina), situación de la que ya no volvería a recuperarse, perdiendo las excelentes oportunidades de expansión que les había brindado Díaz gracias a una “relación especial”, para compensar la influencia económica norteamericana. Por tanto, una vez derrocado el gobierno de Huerta con el que habían experimentado un breve retorno a la edad de oro, el Foreign Office y sus agentes diplomáticos se mostraron renuentes a aceptar la irreversibilidad de este proceso, contrariando todas y cada una de las medidas de regulación y de impuestos que comenzó a aplicar el presidente Carranza, especialmente en el tema del petróleo. El problema era que, debido a la Gran Guerra, la Gran Bretaña no tuvo la capacidad de enfrentar a la Revolución Mexicana, como tampoco tuvo el beneplácito de Estados Unidos para aplicar medidas de fuerza, como lo contempló en un momento dado: ocupar militarmente Tampico y la Huasteca, a la manera de la “política de las cañoneras”, tan utilizada en otras partes del mundo. De ahí el rompimiento de relaciones diplomáticas unilateral británica se hizo tangible, pero sin que esto afectara mayormente el distanciamiento entre ambos países, y sin que los envíos de petróleo para la marina inglesa se interrumpieran. Y es que debido a la intermediación estadounidense los Aliados siguieron recibiendo el hidrocarburo para continuar el esfuerzo de la guerra, pero a su vez Estados Unidos recibía el aprovisionamiento desde México, su principal proveedor.

IMPACTOS DE LA GUERRA EN TAMPICO
Y aunque a la distancia, la Gran Guerra trasformó radicalmente la dinámica en Tampico en la práctica, en ese período fue el primer puerto petrolero en el mundo, al servicio de un acontecimiento de magnitud mundial. Su urbanismo adquirió rasgos de una evidente modernidad inédita en el escenario tamaulipeco. Su industria petrolera incrementó exponencialmente sus montos con motivo de este poderoso estímulo bélico, alcanzando su cenit hasta 1922. Y en cuanto a su articulación social, se gestó entonces el germen del proletariado mexicano, tema que aborda en su excelente tesis doctoral el investigador Lief Adleson.

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